23/11/08

Falsificaciones y “Originales”



El periódico La Nación de Costa Rica nos sorprende hoy con su portada, no por el artículo principal, sino por el hecho de que lo hayan colocado ahí.


“Obras falsas de artistas ticos son abundantes en el mercado”


El articulo en sí no me impresionó gran cosa, casi le sentí un gustillo a infomercial, más que por intención talvez por la fuete principal de la periodista, no es que me parezca mal que se denuncie estas cosas, pero ya que se va a publicar algo así en la primera plana del domingo, día en que este diario da más énfasis a la cultura, me parece que no hubiera estado de más profundizar en el tema.


La falsificación de obras plásticas no es algo novedoso, tampoco en Costa Rica, recuerdo que 1988 uno de mis profesores del taller de grabado de la UCR, participaba de una comisión encargada de dictaminar la autenticidad de ciertas obras dudosas atribuidas a Fausto Pacheco, propiedad de una institución pública costarricense, principal coleccionista de la obra de Pacheco, en este caso no se trataba de copias, sino de obras que imitaban el estilo de este artista y se las hacia pasar como suyas.


En el caso de las obras únicas como la pintura, el dibujo y las técnicas de escultura que no impliquen moldes, es más difícil la falsificación, en el caso de la obra multiejemplar, como las diferentes técnicas de grabado, el asunto se vuelve relativamente simple, pero al hablar de esto se peca a veces de simplismo, en realidad el tema tiene muchas aristas, para entender lo que sucede en Costa Rica, creo que es importante recordar que esto se empezó a dar en una escala increíble con las obras de Dalí, de quien se llego a decir que tenía en su mano una “máquina de firmar”, en cierto modo fue él o su ejemplo, quien evidenció que la “masificación” de ciertas obras podía ser un asunto muy rentable, muchísimo se ha escrito sobre esto, pero para quien no esté al tanto aquí puede darse una idea.


Volviendo al medio costarricense recuerdo que en mis años de estudiante de grabado, sufrimos una escasez de papel para imprimir grabado en prensa, esto no sucedía porque no hubiese quien importara el papel a Costa Rica, sino porque el papel desaparecía de los anaqueles a penas lo ponían a la venta, resulta que ciertos artistas importantes en nuestro medio compraban todas las resmas de este tipo de papel, curiosamente ninguno de estos artistas era grabador, según entiendo compraban este papel para enviarlo a Talleres de impresión en algún lugar de Sur América, de donde les era devuelto con impresiones de sus pinturas, en litografía, o serigrafía, que en el plano formal ciertamente tenían mucha calidad.


Algo que en tertulias de grabadores a veces discutíamos era si aquello podía considerarse verdadero grabado, o un simple buen negocio, sin detenernos ahora en esas consideraciones lo cierto es que hubo y hay casos llamativos, como el de cierto maestro grabador que dedicó la mayor parte de su carrera a la xilografía, pero al final de su vida cuando todos estábamos ya consientes de su declive productivo aparecían en el mercado, y aún están omnipresentes en cuanta galería comercial se visite, numerosísimas impresiones de sus imágenes de siempre, ya no como xilografías, sino como serigrafías de tirajes grandes, ciertamente nada de esto es ilegal, en tanto sean los propios artistas quienes lo hagan, para eso son sus obras y pueden hacer lo que quieran.


Mi reflexión como grabador viene en el sentido de que muchos compradores incautos son asesorados por “expertos” vendedores, que no expertos en arte, eso es otra cosa, y terminan comprando “cuadros originales” y de este modo pueden lucir en sus casas, alguna autentica firma famosa, pero como decía Gorgojo: “Hasta ahí”. (Gorgojo, es un personaje de la farándula costarricense). En otras palabras no dejo de preguntarme si los compradores de ciertos grabados “originales” no habrán recibido gato por liebre.




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